Te mereces una plaza

Mimy. Madrid/Valencia, agosto de 2015.

A diferencia de lo que pensó un interino asturiano al que molesta enormemente que nos presentemos en su comunidad y a quien conté lo que ahora os voy a escribir al resto, mi relato no está pensado para daros pena, ni siquiera para quejarme y desahogarme, puesto que de eso ya estoy más que cansada, se me secaron las lágrimas. Lo siguiente que voy a escribir es mi historia, sin más. Una historia que comparto para ayudar a mis compañeros y a mi misma, aunque ya me cueste creerlo, a alcanzar un futuro mejor, si es que eso es posible.

Mi historia parte desde hace muuuchos años, aunque seré breve. Digamos por acortar que mis sueños de niña de primaria de convertirme en bióloga o veterinaria se vieron truncados por una mamá que me decía que yo no podía estudiar eso porque era una negada en matemáticas, y que por ende tenía que buscarme la vida por otra vía.

Esa vía fue hacerme Auxiliar de Enfermería. Trabajé con unos ancianitos maravillosos y con enfermos terminales, lavé los cuerpos vencidos y doloridos de cientos de personas y vi sufrir aún a más, al igual que a las familias que los acompañaban. Me sumergí de lleno en el lado más oscuro de la vida… y no pude con ello. Yo había nacido para cuidar de los demás, para curarles y verles felices, no tengo la admirable fortaleza de quienes pueden ayudarles en su final día tras día, viendo cómo en numerosas ocasiones llegamos a  nuestra vejez solos,  enfermos y abandonados. Y me hundí por ello.

Y ahí comenzó mi historia como Maestra, la historia que comenzó el día en el que decidí compartir la alegría, los juegos, los colores y las historias mágicas. Cuando quise también enfrentarme al sufrimiento con sonrisas, de secar lágrimas con abrazos, de cantar y llorar juntos, de aprender jugando, de sonreírle a la vida sin acordarme de su oscuridad. De sentirme viva junto a esas personitas que tanta vida desprenden, de sentirme FELIZ.

Estudié mi carrera como nunca lo había imaginado, aprobé las matemáticas con notable (no está mal) y saqué un sinfín de sobresalientes y matrículas de honor ¡qué honor el mío! Y en el último año de carrera, me casé y a la vez me convertí en Maestra con la especialidad en Educación Infantil.

Inmediatamente empecé a estudiar las oposiciones, soñando a la vez con convertirme en madre y poder ir a trabajar junto a mi futur@ hij@ el día en el que me sacase una plaza. Porque siempre deseé trabajar sí, pero también formar una familia, y si podía juntar ambos pues ¡todo perfecto! ¿Menuda ilusa estaba yo hecha verdad? Jajaja.

En fin, después de dos años de estudio y un embarazo me presenté a las opos 2009 como un corderito al matadero y una tripa de 9 meses, ¡incluso llevaba una mascota que mi propia madre me cosió a mano! Mascota que en cuanto saqué obtuvo la total desaprobación y muesca de asco más bochornosa que he visto nunca por parte de un tribunal. Hice mi exposición como pude porque tuve amenaza de parto prematuro, y finalmente logré un magnífico 6 que me tuvo un año entero parada.

Cuando por fin me llamaron fue para una suplencia de 15 días y al año siguiente, por fin, el día que me toca un llamamiento decente, me mandan a 2 horas de mi casa ¿recordáis mis sueños de compatibilizar trabajo y familia? En fin…

Ese año me puse a estudiar nuevamente las próximas oposiciones, 2011, año en el que todo se fue al garete en la comunidad de Madrid. Así que como tengo familia en Asturias y me habría encantado vivir allí, pues allí que me fui. Un dato a destacar de aquel año es que conocí a una interina nueva en Madrid que lideraría las mesas sectoriales en las reuniones con Lucía Figar para lograr desterrar a los interinos como yo y darle prioridad a los nuevos.

Estudié aún más que lo que ya había estudiado en toda mi carrera, aún teniendo ya una niña de 2 añitos a la que tenía que decir que no podía jugar con ella, y me presenté con todas mis ilusiones y mis esperanzas puestas en manos de un tribunal cacique cuya presidenta me dijo que ME MERECÍA una plaza pero que no era asturiana y que no estaban las cosas para regalarlas ¿? Pensé que al menos me pondrían buena nota pero no, no me llegó ni para trabajar, nunca me llamaron.

Lloré, rabié  y me estampé de bruces contra una realidad muy dura y muy fría. Mis sueños no eran más que eso, fruto de una mente joven, ignorante e inocente que no tenía ni idea de lo que era la vida. Y ahí se quedarían. Total, soñar con trabajar en el mismo centro donde tus hijos acuden a estudiar es mucho pedir en este país la verdad.

No volví a estudiar más, me machacaron.

Finalmente aquí estoy, 2015. Con un visado en la mano apunto de abandonar nuestro país, de alejarme de mi familia y amigos y llevarme a mis hijos al otro lado del mundo solo para que no crezcan en este país lleno de corrupción, mentiras y sueños rotos. Sí sí, no renuncié a mi familia y tuve una sorpresa de gemelos después.

Por cierto, ¿recordáis a la interina nueva y amiga de Lucía Figar que mencioné anteriormente? Ya tiene su plaza, seguramente ella ha estudiado mucho más duro que yo, no lo niego.

Buena suerte a tod@s.

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