Hoy empieza todo

ToledoZuloaga

Marcos Rebollo. Madrid, julio de 2015

Antes de ser profesor, era periodista. Parte de mi trabajo consistía en hacer entrevistas. Al transcribirlas, casi siempre tenía la sensación de no haber llegado a exprimir al entrevistado lo suficiente, con presteza salirte por la tangente y volver al guión como si nada. En prensa eso se llama contrapreguntar. One shot, one opportunity, que cantaba Eminem. Al entrevistado no le vas a llamar otra vez. Pero pronto descubrí que en las clases sí, al día siguiente puedes contrapreguntar, ir mejorando lo que no salió bien. Cada curso como un campo inmenso de aprendizaje donde opera el ensayo/error. Cada clase una demo que trata de mejorarse pero que nunca se cierra del todo. En el largo metro a casa pensaba en las clases, en fallos y aciertos, en las diminutas derrotas que cada día contemplan esas cuatro paredes, en las caras de lxs alumnxs, que lo dicen todo. Esta mañana no salió muy bien pero mañana repetimos. Hoy empieza todo, así se llama uno de las películas más hermosas de ese subgénero que es el cine en las aulas.

Ser profesor también es pensar en el metro a casa, y en casa, qué ha salido bien y qué no en las clases del día. Evaluación del profesor, lo llaman los pedágogos (la tilde se la puso la docente Juana Monterrey en Qué pasó con la enseñanza, porque “se creen agudos pero son esdrújulos”).

Ser profesor es, además, bajar de la realidad de 4ºB a las 34 realidades que tiene 4ºB, así con 4 o 5 grupos. Pensar en los recursos que pueden funcionar con unos y no con otros, ganarte de cada clase una autoridad nada barata y llevar a cabo la promesa que te hiciste a comienzo de curso: enseñarles la Historia como una narración emocionante cuyos efectos explotan en sus vidas cotidianas; prometerles, como hizo Churchil a los ingleses en la Segunda Guerra Mundial, sangre, sudor y lágrimas. Ser entusiastas y valientes. O como escribe María Acaso: hackear el aula y, si no queda más remedio, mentir al inspector.

Ser profesor, en mi caso, es refrenar algo el tic Oh capitán, mi capitán, no creerme un John Keating de la vida. Es, también, saber bajar (tras el descenso de la clase a las 34 realidades) aún más abajo: a lo que hay. Un aula pública de hoy se parece al club de los poetas muertos lo que la velocidad al tocino. Pero… (Siempre el pero está ahí, enorme). Pero si no, me digo, corro el riesgo de que para la mayoría la Historia solo sea una aburrida sucesión de fechas, reyes con nombres raros, causas y consecuencias que sólo viven en el papel y que si eso se enganchan en la cabeza para desaparecer una vez vomitadas en el examen… También es pensar que en muchos casos va a ser así. ¿Eso es resignación? Es más creerte Sísifo, piedra arriba y vuelta a empezar, funcionar como el médico de La peste, de Albert Camus: por sentido ético y sin dejarse comer por la esperanza.

A todo esto, ser profesor, si le añades el apellido de interino, es tenerte que presentar cada dos cursos (anualmente en el caso de Madrid) a unas oposiciones con una micro-oferta insultante de plazas, sin importar que acumules aprobados. Puedes tener ochos o sietes en oposiciones anteriores. Dan igual. Caducan. Cada vez te la juegas a una ruleta rusa, por lo arbitrario de todo el asunto.

Y claro que nada tienen que ver los finales de curso del año/oposición con los del año/respiro (¡en Madrid desaparece ese año que es como una bolsa de oxígeno sin la cual a uno le falta el aire de solo pensarlo!). El final de cada año/oposición uno desaparece de los suyos y se hace translucido en clase, tira del libro de texto más de lo que querría, muchos días pone el piloto automático, tarda más en corregir, está menos paciente, ya no finge enfadarse sino que se enfada, es un espectro en la sala de profes que recita temas a lo bajinis y que rumia una rabia dantesca. El final de cada año/respiro tienen el cariz opuesto. Padres, madres, apelemos al sentido común de Barrio Sésamo y repasemos entre todxs dos panoramas opuestos: uno luminoso y otro tétrico. ¿Quieren que el 20% de los docentes de sus hijxs les den clases profes -ése es el porcentaje de interinos- en un año luminoso o en uno tétrico?

¡Como comparar un Sorolla con un *Zuloaga!

*Esto va porque este año, en las opos de Geo e Hª de Madrid, pusieron un paisaje de Toledo (el de arriba) que Zuloaga pintó imitando al Greco, una obra menor de un pintor que (de darse) se da de pasada en 2º de bachillerato. A pillar. Llevan años así. Poniendo prácticos sin ninguna aplicación real en las aulas, prácticos cuyo estudio (desde cada febrero de cada tétrico año/oposición) te aleja día a día de esas mismas aulas.

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